Por:
Sergio Widder
Así reportaba el diario The New York Times del 11 de
noviembre de 1938 los hechos que la historia conoce como
“Kristallnacht”, la Noche de los Cristales Rotos. El 7 de noviembre, Herschel Grynszpan, un joven judío de
origen polaco de 17 años, había herido de muerte a Ernest von Rath, un
diplomático alemán en París. Grynszpan actuó en represalia por la
expulsión de su familia desde Alemania hacia Polonia. La reacción (que
los nazis pretendieron hacer creer que fue espontánea) fue ese pogrom.
La Kristallnacht constituye el punto máximo de la violencia contra los
judíos en Alemania y en Austria en vísperas de lo que los nazis
llamarían luego la Solución Final, el exterminio del pueblo judío. Al atardecer del 9 de noviembre de 1938, a poco de
conocerse la muerte de Von Rath, el ministro de propaganda Goebbels
(con el consentimiento de Adolf Hitler) dio la orden de desatar la
furia criminal contra los judíos. El saldo fue el asesinato de 91
personas, el arresto y deportación de unos 30.000 varones judíos a los
campos de concentración de Dachau, Buchenwald y Sachsenhausen, la
destrucción de sinagogas y el saqueo e incendio de tiendas y
propiedades. Grynszpan fue arrestado, estuvo detenido en Francia
durante casi dos años, pero se desconoce qué ocurrió después con él.
Los judíos alemanes fueron señalados como responsables de la violencia
y multados por los destrozos. La reacción del mundo fue muy tibia y de
nada sirvió para detener la máquina asesina nazi. Hoy, setenta años más tarde, resulta esencial reflexionar
acerca de las lecciones históricas de la Kristallnacht y del
Holocausto, la Shoá. ¿Hemos aprendido algo? Lo primero que creemos es
que sí aprendimos: los regímenes democráticos han ganado terreno en el
mundo, los regímenes totalitarios han disminuido en cantidad, los
individuos se muestran más conscientes de sus derechos cívicos y
humanos, y encuentran vías para expresarlos y hacerlos valer. No
obstante, el fanatismo, la intolerancia, el odio, el antisemitismo,
siguen vigentes, generan violencia y se cobran nuevas víctimas. El
terrorismo, el fundamentalismo, el neonazismo son algunas de las formas
actuales de manifestación de ese odio. ¿Hemos aprendido la lección? A poco de finalizada la
guerra, América latina, y Argentina en particular, fue la tierra
elegida por numerosos criminales nazis para escapar de la justicia.
Eichmann, Mengele, Ante Pavelic, Erich Priebke, en Argentina, Klaus
Barbie en Bolivia, Walter Rauff en Chile, son apenas un minúsculo
ejemplo de una larga lista de protegidos. Recién a partir del retorno
de la democracia en 1983, Argentina dejó a un lado su política de
protección para colaborar con la Justicia. Desde entonces, la Justicia
de este país extraditó a cuatro criminales nazis, y un quinto murió
durante el juicio de extradición. ¿Hemos aprendido la lección? El presidente de Irán,
Mahmoud Ahmadinejad, ya no sorprende cuando niega por enésima vez el
Holocausto ni tampoco cuando convoca a la concreción de un nuevo
genocidio con sus llamamientos a favor de “borrar a Israel de la faz de
la Tierra”. ¿Hemos aprendido la lección? La Carta Orgánica de Hamas no
sólo niega legitimidad al Estado judío, sino que refiere la existencia
de una “conspiración judía para dominar el mundo”, tomando como prueba
irrefutable un panfleto antisemita que vio la luz en los albores del
siglo XX, en la Rusia zarista: los infames Protocolos de los Sabios de
Sión. Pese a esta enumeración incompleta, creo que hemos
aprendido algo. Que aunque no se pueda erradicar el odio, estamos
mejor. Apuesto a que somos capaces de construir mejores condiciones de
vida para nosotros y sobre todo para el futuro. Creo que hemos aprendido algo; tenemos posibilidad de
construir alianzas, de trabajar juntos, distintos grupos que sufren
actos de discriminación o son el blanco del discurso intolerante,
entendiendo que cuando se ataca a una minoría, aun cuando
indudablemente el blanco de un ataque específico sea una minoría
determinada, comprendemos que la discriminación y la intolerancia
pretenden destruir las bases mismas de la convivencia democrática. Como
solemos decir, el antisemitismo no es un problema que afecta solamente
a los judíos. * Representante para América latina del Centro Simon Wiesenthal.