Cultura General

lunes, 25 de agosto de 2008

Encuentro del Pensamiento de una Amiga con Leibovitz

El hombre preceptado
 
 

Encuentro del Pensamiento de una Amiga con Leibovitz

Por: Ethel Katz de Barylka

Impresiones y Registros Judíos Decidir el nombre para una sección en un diario o en un sitio Web es un desafío. El título es la tarjeta de presentación, la cédula de identidad de la propuesta. En este caso, lo que te proponemos es "impresiones y registros" sobre judaísmo. Impresiones y registros en el sentido de aquellas cosas, conceptos, ideas, que alguna vez oímos y quedaron allí registradas en algún lugar de la memoria, o dejaron alguna impresión, alguna huella, algún hueco… Queremos volver a ellas, revisarlas, confrontarnos con ideas y conceptos que más de una vez se dan por sobreentendidos y tratar de revisarlos, de aprehenderlos y de hacerlos nuestros a nuestra manera y estilo personal. Muchas de ellas forman parte de nuestro tesoro personal que recibimos en nuestra niñez más lejana y quedaron fosilizadas y petrificadas como resabio de otros códigos que necesitan refrescarse. Trataremos en cada entrega de focalizar una idea o concepto. En los primeros artículos trataremos temas que hemos escogido, pero en adelante nos gustaría tratar los temas que esperamos recibir de ustedes y que pueden pedir a ethel@actcom.co.il

“¿Para qué cumplir mandamientos? Yo no hago lo que no creo y que no conozco su sentido”, decía mi amiga Ana, sorprendentemente egresada de una escuela religiosa. Ella sostenía que un ser racional no puede cumplir con normas que no entiende. Quería ser libre. Quería liberarse. Deseaba construir su judaísmo como lo hicieron Woody Allen, Bárbara Streissand, Alan Fielkenkraut, o Steven Spillberg. Decía que nunca estuvimos en Egipto y que Moshé no había existido, pero que Pesaj valía la pena por lo que festejaba la fecha en el calendario hebreo, pero sin leer la Hagadá, se reunía en su casa con sus amigos y charlaban acerca de los movimientos libertarios y del sufrimiento de los pueblos sometidos particularmente en África y Latinoamérica. Luego servía la comida, sin pan, y con un trozo de matzá. Pese a que se había propuesto comer jametz en Pesaj, no podía. Había algo muy fuerte en ella que se lo impedía. Cuando vivió en Israel, sus amigos iban todos a Abu Gosh a comprar pan de pita, pero, ella nunca los acompañó. Servía vino sin contar las copas, pero, casi para el postre, se levantaba disimuladamente e iba hacia la puerta con el pretexto de haber oído ruidos, y luego comentaba que este año tampoco había visto a Eliahu, el profeta, que recorre las casas para anunciar la redención. Ana se consideraba una excelente judía. Apoyaba con sus pocos ahorros a instituciones de bien público, se comportaba humildemente, se esforzaba por no mentir ni dañar a las personas y a los animales. Todos sus amigos eran judíos y después de su divorcio esperaba aún volver a formar un hogar con un judío del grupo a quien apreciaba mucho, pero que no le hacía ningún caso a sus insinuaciones románticas. Definía a las fiestas judías como “aquel acontecimiento durante el que nos quisieron matar, Dios nos salvó y nosotros comemos”. Cuando le preguntaban cual era el autor judío que más apreciaba siempre se apuraba a decir en segundo o en tercer término, después de Phillip Roth, Marcos Aguinis, y Angelina Muñiz de Huberman, al filósofo Yeshayahu Leibowitz, particularmente por sus posiciones radicales.

Lo que no sabía era que Leibowitz, si la hubiera conocido, no hubiera concordado con su definición de judío, porque el ya fallecido pensador afirmaba que de hecho, la mayoría del mitzvot –preceptos- no tiene ningún sentido a menos que las veamos como expresión del servicio divino desinteresado. No tienen ningún valor instrumental o utilitario y no sirven a las personas para satisfacer sus necesidades terrenales o espirituales. Las mitzvot son una manera de vida, logran convertirse en un fin en sí mismas, y evitan que demos miles de vueltas para alcanzar la meta de nuestras vidas. Ninguna persona asumiría esta manera de vida a menos que vea en el servicio divino como una meta en sí misma y no como un medio para alcanzar ningún otro propósito. Por lo tanto, la Halajá dirige su atención a los deberes y no a las sensaciones. Esa es la forma en la que el filósofo Yeshayahu Leibovitz, consideraba las mitzvot.

De acuerdo a esta concepción las mitzvot son un servicio a D’os y no tienen que ser pensadas o dirigidas a las necesidades del hombre. Cada razón dada para explicar las mitzvot que se base en las necesidades humanas - sean ellas intelectuales, éticas, sociales o nacionales – vacían a las mitzvot de todo su significado. Para esta concepción, y recalco para esta concepción, que es una de las muchas posibles, si las mitzvot son la expresión del conocimiento filosófico, o si tienen cualquier contenido ético, o si se significan para beneficiar a sociedad, o si se aplican para mantener a la gente dentro del judaísmo, entonces ellas son pensadas para servir al hombre y darle un sentido a su vida. Desde esta óptica el ser humano no sirve a D’os por D´s en sí, sino para aplicar la Torá de D’os en la sociedad humana y como un medio de satisfacer sus necesidades. Por lo tanto, las "supuestas razones de las mitzvot" son una construcción teológica y no un hecho de la fe religiosa. Siguiendo este pensamiento, la única razón genuina de las mitzvot es la adoración a D’os, y no la satisfacción de una necesidad o de un interés humano. Leibovitz mantuvo que las razones de mandamientos religiosos estaban más allá de la comprensión del hombre y cualquier tentativa de atribuir la significación emocional al funcionamiento del mitzvot era equivocada y relacionada con la idolatría. Si, por ejemplo, el significado de Shabat fuera social o nacional, sería totalmente superfluo: esa es la misión de los sindicatos que toman a su cargo satisfacer las necesidades de los trabajadores. La Presencia Divina no descendió sobre el Monte Sinaí para proponernos un descanso o un código social. Si Shabat no tiene el significado de santidad -y la santidad es un concepto completamente desprovisto del significado humanístico y antropocéntrico- entonces no tiene ningún significado. Conforme a esta visión el judío es entonces un hombre preceptado y su observancia se debe únicamente a la fe y el reconocerse a sí mismo como hombre ante la divinidad. Así lo hago por que así fue preceptado y no por el valor que esta acción tenga independientemente de esta que tenga valor. Si fuera posible reunir al Rambam (Maimónides) con Leibovitz valdría la pena escuchar esa conversación de salón o tal vez discusión acalorada… Rambam, dedicó gran parte de su monumental obra tanto en el Sefer Hamitzvot como en la Guía de los Perplejos, a explicar el sentido de la mitzvot. Uno habla de teleología el otro de teología. Rambam intenta establecer una armonía entre la fe y la razón, demostrando que no hay contradicción en los puntos en que fe y razón parecen oponerse. Es decir, una conciliación entre el sentido literal de las escrituras y las verdades racionales, acudiendo a la interpretación alegórica en casos de conflicto. Rambam trabaja minuciosamente el concepto de shorshei hamitzvot, las "raíces de los preceptos", algo así como una explicación de la procedencia y el sentido de las mismas. No sólo Leibovitz no lo hubiera aceptado sino muchos otros antes y después.

En una época donde se plantean permanentemente conceptos de justicia social, de sentido de a vida, de búsqueda de armonía, de tikun olam, todas visiones que consideran el cumplimiento de las mitzvot como un "medio para" vale la pena revisar esta propuesta radical. Pero entendamos bien que Leibovitz no plantea que no hay que corregir el mundo, por el contrario su visión político-social es totalmente radical a punto de ganarse la antipatía de amplios sectores del público religioso en Israel y en el mundo. La realización de la justicia por que es un imperativo divino y nada más que por ello, es por lo tanto sin renuncias. En el cumplimiento del precepto como tal y por sí mismo y no por su beneficio social no puede haber medias tintas. El juego es a todo riesgo, no hay posibilidades de acomodación de la realidad, por que la norma esta hecha para cumplirse porque su cumplimiento es en sí mismo la esencia del Servicio a D'os, el resto es un como sí.

Esta postura nos lleva a peguntarnos, ¿Acaso en el postmodernismo que ha puesto de moda el pensamiento mágico, se puede aceptar una respuesta unívoca como la de Leibovitz?

¿Será que como lo plantea Leibovitz las mitzvot, por ser tales, tienen todas el mismo valor o podemos categorizarlas?


Publicado por fpaya @ 11:20 | 0 Comentarios | Enviar

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