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Encuentro del Pensamiento de una Amiga con Leibovitz
Por:
Ethel Katz de Barylka
Impresiones
y Registros Judíos Decidir el nombre para una sección en un diario o en
un sitio Web es un desafío. El título es la tarjeta de presentación, la
cédula de identidad de la propuesta. En este caso, lo que te proponemos
es "impresiones y registros" sobre judaísmo. Impresiones y registros en
el sentido de aquellas cosas, conceptos, ideas, que alguna vez oímos y
quedaron allí registradas en algún lugar de la memoria, o dejaron
alguna impresión, alguna huella, algún hueco… Queremos volver a ellas,
revisarlas, confrontarnos con ideas y conceptos que más de una vez se
dan por sobreentendidos y tratar de revisarlos, de aprehenderlos y de
hacerlos nuestros a nuestra manera y estilo personal. Muchas de ellas
forman parte de nuestro tesoro personal que recibimos en nuestra niñez
más lejana y quedaron fosilizadas y petrificadas como resabio de otros
códigos que necesitan refrescarse.
Trataremos en cada entrega de focalizar una idea o concepto. En los
primeros artículos trataremos temas que hemos escogido, pero en
adelante nos gustaría tratar los temas que esperamos recibir de ustedes
y que pueden pedir a ethel@actcom.co.il
“¿Para qué cumplir mandamientos? Yo no hago lo
que no creo y que no conozco su sentido”, decía mi amiga Ana,
sorprendentemente egresada de una escuela religiosa. Ella sostenía que
un ser racional no puede cumplir con normas que no entiende. Quería ser
libre. Quería liberarse. Deseaba construir su judaísmo como lo hicieron
Woody Allen, Bárbara Streissand, Alan Fielkenkraut, o Steven Spillberg.
Decía que nunca estuvimos en Egipto y que Moshé no había existido, pero
que Pesaj valía la pena por lo que festejaba la fecha en el calendario
hebreo, pero sin leer la Hagadá, se reunía en su casa con sus amigos y
charlaban acerca de los movimientos libertarios y del sufrimiento de
los pueblos sometidos particularmente en África y Latinoamérica. Luego
servía la comida, sin pan, y con un trozo de matzá. Pese a que se había
propuesto comer jametz en Pesaj, no podía. Había algo muy fuerte en
ella que se lo impedía. Cuando vivió en Israel, sus amigos iban todos a
Abu Gosh a comprar pan de pita, pero, ella nunca los acompañó. Servía
vino sin contar las copas, pero, casi para el postre, se levantaba
disimuladamente e iba hacia la puerta con el pretexto de haber oído
ruidos, y luego comentaba que este año tampoco había visto a Eliahu, el
profeta, que recorre las casas para anunciar la redención. Ana se
consideraba una excelente judía. Apoyaba con sus pocos ahorros a
instituciones de bien público, se comportaba humildemente, se esforzaba
por no mentir ni dañar a las personas y a los animales. Todos sus
amigos eran judíos y después de su divorcio esperaba aún volver a
formar un hogar con un judío del grupo a quien apreciaba mucho, pero
que no le hacía ningún caso a sus insinuaciones románticas. Definía a
las fiestas judías como “aquel acontecimiento durante el que nos
quisieron matar, Dios nos salvó y nosotros comemos”. Cuando le
preguntaban cual era el autor judío que más apreciaba siempre se
apuraba a decir en segundo o en tercer término, después de Phillip
Roth, Marcos Aguinis, y Angelina Muñiz de Huberman, al filósofo
Yeshayahu Leibowitz, particularmente por sus posiciones radicales.
Lo que no sabía era que Leibowitz, si la hubiera
conocido, no hubiera concordado con su definición de judío, porque el
ya fallecido pensador afirmaba que de hecho, la mayoría del mitzvot
–preceptos- no tiene ningún sentido a menos que las veamos como
expresión del servicio divino desinteresado. No tienen ningún valor
instrumental o utilitario y no sirven a las personas para satisfacer
sus necesidades terrenales o espirituales. Las mitzvot son una manera
de vida, logran convertirse en un fin en sí mismas, y evitan que demos
miles de vueltas para alcanzar la meta de nuestras vidas. Ninguna
persona asumiría esta manera de vida a menos que vea en el servicio
divino como una meta en sí misma y no como un medio para alcanzar
ningún otro propósito. Por lo tanto, la Halajá dirige su atención a los
deberes y no a las sensaciones. Esa es la forma en la que el filósofo
Yeshayahu Leibovitz, consideraba las mitzvot.
De acuerdo a esta concepción las mitzvot son un
servicio a D’os y no tienen que ser pensadas o dirigidas a las
necesidades del hombre. Cada razón dada para explicar las mitzvot que
se base en las necesidades humanas - sean ellas intelectuales, éticas,
sociales o nacionales – vacían a las mitzvot de todo su significado.
Para esta concepción, y recalco para esta concepción, que es una de las
muchas posibles, si las mitzvot son la expresión del conocimiento
filosófico, o si tienen cualquier contenido ético, o si se significan
para beneficiar a sociedad, o si se aplican para mantener a la gente
dentro del judaísmo, entonces ellas son pensadas para servir al hombre
y darle un sentido a su vida. Desde esta óptica el ser humano no sirve
a D’os por D´s en sí, sino para aplicar la Torá de D’os en la sociedad
humana y como un medio de satisfacer sus necesidades. Por lo tanto, las
"supuestas razones de las mitzvot" son una construcción teológica y no
un hecho de la fe religiosa. Siguiendo este pensamiento, la única razón
genuina de las mitzvot es la adoración a D’os, y no la satisfacción de
una necesidad o de un interés humano. Leibovitz mantuvo que las razones
de mandamientos religiosos estaban más allá de la comprensión del
hombre y cualquier tentativa de atribuir la significación emocional al
funcionamiento del mitzvot era equivocada y relacionada con la
idolatría. Si, por ejemplo, el significado de Shabat fuera social o
nacional, sería totalmente superfluo: esa es la misión de los
sindicatos que toman a su cargo satisfacer las necesidades de los
trabajadores. La Presencia Divina no descendió sobre el Monte Sinaí
para proponernos un descanso o un código social. Si Shabat no tiene el
significado de santidad -y la santidad es un concepto completamente
desprovisto del significado humanístico y antropocéntrico- entonces no
tiene ningún significado. Conforme a esta visión el judío es entonces
un hombre preceptado y su observancia se debe únicamente a la fe y el
reconocerse a sí mismo como hombre ante la divinidad. Así lo hago por
que así fue preceptado y no por el valor que esta acción tenga
independientemente de esta que tenga valor. Si fuera posible reunir al
Rambam (Maimónides) con Leibovitz valdría la pena escuchar esa
conversación de salón o tal vez discusión acalorada… Rambam, dedicó
gran parte de su monumental obra tanto en el Sefer Hamitzvot como en la
Guía de los Perplejos, a explicar el sentido de la mitzvot. Uno habla
de teleología el otro de teología. Rambam intenta establecer una
armonía entre la fe y la razón, demostrando que no hay contradicción en
los puntos en que fe y razón parecen oponerse. Es decir, una
conciliación entre el sentido literal de las escrituras y las verdades
racionales, acudiendo a la interpretación alegórica en casos de
conflicto. Rambam trabaja minuciosamente el concepto de shorshei
hamitzvot, las "raíces de los preceptos", algo así como una explicación
de la procedencia y el sentido de las mismas. No sólo Leibovitz no lo
hubiera aceptado sino muchos otros antes y después.
En una época donde se plantean permanentemente
conceptos de justicia social, de sentido de a vida, de búsqueda de
armonía, de tikun olam, todas visiones que consideran el cumplimiento
de las mitzvot como un "medio para" vale la pena revisar esta propuesta
radical. Pero entendamos bien que Leibovitz no plantea que no hay que
corregir el mundo, por el contrario su visión político-social es
totalmente radical a punto de ganarse la antipatía de amplios sectores
del público religioso en Israel y en el mundo. La realización de la
justicia por que es un imperativo divino y nada más que por ello, es
por lo tanto sin renuncias. En el cumplimiento del precepto como tal y
por sí mismo y no por su beneficio social no puede haber medias tintas.
El juego es a todo riesgo, no hay posibilidades de acomodación de la
realidad, por que la norma esta hecha para cumplirse porque su
cumplimiento es en sí mismo la esencia del Servicio a D'os, el resto es
un como sí.
Esta postura nos lleva a peguntarnos, ¿Acaso en el
postmodernismo que ha puesto de moda el pensamiento mágico, se puede
aceptar una respuesta unívoca como la de Leibovitz?
¿Será que como lo plantea Leibovitz las mitzvot, por ser tales, tienen todas el mismo valor o podemos categorizarlas?
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