jueves, 06 de abril de 2006
EL ANTISEMITISMO UNA ABERRACIÓN QUE PARA MUCHOS ES PARTE DE SU NATURALEZA
Conflictos
Publicado el 22.02.2006 09:51
Por Eleonora Bruzual
Si hay tierra de antisemitas, esa es Europa. La de la cultura, las grandes obras del arte. La Europa de la filosofía, la poesía y también la de esa perversión infinita que se conoce como antisemitismo.
Es tragicómico observar como en muchos países de la Europa del “Primer mundo” conviven con absoluta naturalidad los enunciados pacifistas, los enunciados democráticos y las expresiones más burdas del más descarado antisemitismo. Allí en países que se jactan de ser desarrollados, evolucionados, respetuosos de los Derechos Humanos y la democracia, con hurgar sólo un poquito, sin esfuerzo emerge una frase, un calificativo, un refrán… Todo trayendo desnudo el sentimiento anti judío que tanto describe a hombres y mujeres que pretenden erigirse en recursos morales y culturales de un mundo cada vez más deteriorado en su estructura ética y humana.
“Manger en juif” es una expresión francesa tan natural… Ella significa simplemente “Comer solo”, y muchos me preguntarán ¿Y qué? ¿Por qué mi deseo de resaltar algo tan corriente, tan poco relevante…?
“Manger en juif” o comer como judío es “Comer solo”, comer execrado, comer sin amigos, relegado… Pero ¡Anda mujer! Dirá más de un liberal… ¡No veas fantasmas!
¿Son fantasmas? ¿Veo apariciones? ¿Exagero?
Lo haré también si –por ejemplo- traigo hasta aquí la expresión tan común en Holanda una “jodenfooi”… Porqué esa inocente y hasta jocosa expresión holandesa significa una “propina de judío”, o más claramente, su sentido real es una propina de tacaño, de miserable… Pero, en la tierra donde buscaron asilo y protección los Frank, donde Ana escribía un diario con la ilusión de poder vivir sin amenazas, sin encierros, donde esa niña alemana simplemente soñaba con ser libre. Ana que a la edad de trece años comenzó a escribir ese diario y poco tiempo después ella y su familia tuvieron que esconderse para evitar los campos de concentración.
A los Frank nada les salvó. Permanecieron escondidos desde 1942 hasta 1944 cuando les descubrió la Gestapo… Ana, muriendo el año 1945 en el campo de concentración de Bergen-Belsen. Su diario fue encontrado en el escondite que habitó durante dos años y hoy, en pleno siglo XXI, y con las ínfulas de los holandeses de ser un país absolutamente democrático, calificar un gesto de tacañería como “jodenfooi” es normalísimo…
Y que decir de los húngaros, con su hermosa música, sus dolores infinitos tras sufrir las más terribles agresiones del comunismo soviético. Los húngaros, deliciosos seres con mucho de bohemia y más de fantasía aclarando prestos ¡Ne légy zsidó! O lo que es igual a decir ¡No soy judío! aunque Imre Kertész que es sin dudas la literatura contra el olvido, sea húngaro, y sea además un judío. Un ser arrancado de las garras de la muerte para goce y honra del genero humano.
¡Ne légy zsidó! En húngaro o ¡Che rabbino! en italiano es lo mismo… Una “dulce y simple” expresión antisemita, pero ¡Ojo! la piel judía dirán, es tan sensible que siente graciosas e inofensivas expresiones como muestras de segregación…
No importa que los musulmanes pongan precio a la cabeza del caricaturista danés que dibujó un Mahoma explosivo como otros caricaturizan al Papa o a cualquier figura relevante del occidente judeo-cristiano. No, los pobrecitos musulmanes lo merecen todo, porque ellos también sirven para afianzar y atizar ese demonio enquistado en millones de civilizados europeos que como en la España de siempre, la de ayer y la del hoy, muchos a la hora de proferir un insulto, les encanta decir ¡Qué judío!”.
A ver si acierto cuando escribo que muchos al leerme dirán que soy una obsesa, que veo espantos, que estoy psicoseada… Pero, no, yo perfectamente sé que no, que simplemente, recién llegada ahora de Francia donde fui a lo que califico casi como una cura de ensueños casi prescrita médicamente, ante el silencioso y cotidiano desgaste causado por tiempos de demonios adueñados de nuestros destinos y afanosos destruyendo una Venezuela donde ni el optimista más grande puede vislumbrar otra cosa más que violencia y confrontación, me di cuanta que igual que en el medioevo, que exactamente igual que en tiempos de Colón o en tiempos del Capitán Alfred Dreyfus, o más reciente en los días de las hordas hitlerianas aterrando a Europa, y hasta ahora cuando a los terroristas islámicos se les llama combatientes y a los soldados israelitas que arriesgan sus vidas para proteger a inocentes ciudadanos, todos en la mira del odio irracional de unos monstruos sanguinarios que asesinan en el nombre de un Dios/Demonio hecho a su imagen y semejanza, a esos soldados todos jóvenes, todos deseosos de vivir en paz se les llama opresores, invasores… epítetos generosos si los comparo con otros tan usuales en las redacciones de medios de comunicación a la hora de reportar los sucesos del Medio Oriente, por todo eso digo con total serenidad que nada ha cambiado, que todo sigue igual… Que para los europeos es irrefrenable el estereotipo siempre útil a los más rastreros sentimientos y “Los judíos avaros” son el perfecto chivo expiatorio capaz de sobrevivir esa misma rabia que eternamente anida en ellos y que tan sólo maquillan por épocas…
Que para nada se ha olvidado la vieja cancioncita húngara que con ritmo meloso se burla del precepto judaico que prohíbe comer carne de cerdo aunque lo mismo hagan los musulmanes pero a ellos ¡Ni con el pétalo de una rosa! porque quizá esos “Buenos chicos” se ofendan y salgan a cortar cabezas, pasatiempo favorito de muchos de los hijos de Alláh…
Los húngaros desde hace mucho tararean esa tonadilla: “szalonnát eszik a zsidó!” (“el judío se come la panceta”). Los cultos e igualitarios franceses expresan sin sonrojo, al momento de golpearse en ese hueso conocido como el “hueso de la risa” ese que está esta justo en el codo “¡Oh¡ le petit juif” o sea “¡Oh! el pequeño judío” y los estudiosos indagando el porqué de tal expresión, explican que la misma se refiere al “accidente que debían sufrir los comerciantes hebreos al hacer mediciones fraudulentas de telas con su antebrazo y no con un metro…”
Así es… Pareciera que únicamente el espantoso balance del holocausto nazi, desencadenado en la Alemania bajo el yugo hitleriano es lo que logra borrar tan descaradas expresiones de odio antisemita… Porque seamos honestos, el odio no es sólo matar, el odio se asoma vilmente disfrazado de humorada y es más devastador que cuando lo hace al desnudo.
La Europa con sus dos milenios de "religiosa bondad y bondadoso cálculo", la Europa que para contentar a los musulmanes y agenciarse su petróleo y su irracionalidad siempre útil, borra de su constitución unitaria su real fortaleza e identidad que no es otra que su esencia cristiana, esa Europa está plena de frases jocosas donde la víctima es el judío de siempre…
Sólo Alemania ha borrado de su lengua todas las expresiones antisemitas… Lo otros, los otros ni las borran ni las dejan de utilizar…
¡Pero claro, la exagerada con seguridad soy yo! Exagerada para los "cultos" antisemitas y también para bastantes judíos abocados en tierra tomada por el odio como es hoy Venezuela, a limar las asperezas que denuncias valientes contra un sátrapa repetidor de viejas consignas antisemitas molestan la paquidérmica sensibilidad de los que no esconden el aberrante goce de ser verdugos…
A ellos pido no pierdan su tiempo en leerme, y menos en atacarme. No aprendo en cabeza ajena, no me hacen callar los que embisten contra el Centro Simón Wiesenthal o contra el Gran Rabino de Sao Paulo mientras cultivan malas juntas como un acto de racionalidad política. Y es que definitivamente, funciono por respeto no por coacción...
¡Cuestión de genes posiblemente!
Eleonora Bruzual
ebruzual@gentiuno.com